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La
reproducción en cautividad del loro gris
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El loro gris
se cría en cautividad desde hace bastantes años. No
se trata de una especie "fácil" pero tampoco podemos
considerarla de máxima dificultad.
Como que los
bebés son especialmente apreciados por su aptitud como animales
de compañía y como que la demanda existente ha ido
en aumento, la afición a la cría de yacos se ha incrementado
notablemente en los últimos años.
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1.
INSTALACIONES
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Los
yacos agradecen los aviarios o jaulas que les permitan realizar
vuelos cortos. De 2 a 3 m de longitud por 1 m de anchura sería
una dimensión correcta. Pueden alojarse también en
jaulas de medida inferior (mínimo de 1m3), pero este hecho
comportará necesariamente una vigilancia más grande
de los animales y el estricto control de la concentración
energética de la dieta para evitar problemas.
Si se
pretende que los animales se sientan cómodos en la jaula,
resulta imprescindible conseguir antes que nada que se sientan seguros.
(Esto es especialmente importante cuando se trata de animales de
origen salvaje.) Conviene evitar situar la jaulas en espacios abiertos.
Los grises agradecen zonas reservadas y con iluminación poco
intensa. También conviene que, si lo desean, puedan mantenerse
alejados de las miradas de los que circulen cerca de la jaula.
Esta
especie resiste bien el frío si se la ha aclimatado correctamente
y se le proporciona un abrigo que le permita refugiarse de las inclemencias
del tiempo. Se siente cómoda a partir de los 5ºC. Los
adultos resisten perfectamente las temperaturas altas, pero las
prefieren inferiores a los 35ºC.
La
jaula tiene que ser metálica; ahora bien, tiene que contener
elementos que puedan roer. Los posaderos o ramas de madera blanda
y de buen restituir, pueden cumplir esta función.
Los
loros grises no son excesivamente amantes del baño. Sin embargo,
es conveniente que la jaula permita la colocación periódica
de un recipiente adecuado para esta función o la aplicación
de nebulizaciones de agua.
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2.
DIETA
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La alimentación
es fundamental en cualquier actividad zootécnica. Una dieta
correctamente compensada constituye una premisa ineludible si queremos
conseguir que se desencadene el proceso reproductivo. Podemos distinguir
entre dos grandes tipos de dieta a utilizar según la importancia
relativa que en cada caso tengan las semillas o el pienso. Por un
lado, tenemos las dietas basadas en pienso extrusionado. Estas dietas
tienen la ventaja de proporcionar una gran seguridad por lo que
se refiere a la completa cobertura de los requerimientos nutricionales
de las aves, pero tienen el inconveniente de la monotonía.
Por esta razón es conveniente complementar el pienso con
otros alimentos de máxima apetencia, que proporcionará
a los animales la variedad que no puede dar por sí solo el
pienso. Con esta finalidad pueden prepararse mezclas de vegetales
frescos troceados (fruta y verdura) y de semillas.
Por
otro lado, tenemos las dietas clásicas, basadas en semillas.
Estas dietas son de entrada más atractivas y variadas; pero,
por contrapartida, comportan un mayor riesgo de no cubrir correctamente
la totalidad de los requerimientos de nutrientes. Estas dietas deben
de formularse y dosificarse correctamente, deben incluir vegetales
frescos y complementarse con vitaminas y minerales. En el caso del
yaco es especialmente importante proporcionar alguna fuente añadida
de calcio y de vitamina A. Puede ser interesante, también,
que la mezcla contenga pienso extrusionado.
Las
semillas pueden suministrase en seco, remojadas, pregerminadas,
germinadas o hervidas. No hay ningún inconveniente para usar
semillas de medida pequeña (alpiste y mijo, por ejemplo)
ya que pueden comérselas sin ningún problema y les
proporcionan entretenimiento. El abanico de tipos a utilizar es
muy amplio. Aunque los yacos tiendan a preferir las semillas más
ricas en grasas, debemos procurar que la mezcla utilizada contenga
una proporción importante de cereales y legumbres además
de las oleaginosas. Algunas de las semillas que se pueden suministrar
son: maíz, arroz, alpiste, mijo, trigo, triticale, veza,
lenteja, habón, guisante, alforfón, pipa de girasol,
cañamón, cardi, dari, calabaza, melón...
En
ambos casos el suministro de vegetales frescos es altamente recomendable
ya que constituye una significativa fuente de nutrientes (sobre
todo de vitaminas) y cumple también una función más
de tipo psicológico: le proporciona el entretenimiento y
la satisfacción que da la sensación de variedad y
abundancia. Prácticamente todas las frutas y verduras pueden
ser usadas, a excepción del aguacate y las patatas crudas.
Como ejemplo, podéis utilizar: manzana, plátano, naranja,
kiwi, papaya, melón, calabaza, cebolla, apio, zanahoria,
tomate, alcachofa, pimiento, bróculi...
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3.
CRÍA
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Para la reproducción
en cautividad de esta especie es preciso la conjunción
de una instalación adecuada, una dieta equilibrada, un
manejo correcto y una situación sanitaria óptima.
A todo ello debemos añadir, como resulta evidente, que
los integrantes de la pareja sean sexualmente maduros y compatibles.
Consolidar
una pareja requiere tiempo; con frecuencia unos cuantos años.
Algunas parejas no llegan nunca a congeniar; otras (muchas más
de las que desearíamos), a pesar de llevarse bien, tardan
bastantes años en realizar la primera puesta. Las agresiones
graves entre los integrantes de la pareja son, no obstante, extremadamente
raras.
Los
yacos maduran sexualmente entre los 3 y los 6 años de edad.
Los machos acostumbran a tardar un poco más que las hembras.
Por este motivo es frecuente que las primeras puestas de una pareja
con el macho joven sean infértiles.
Pueden
obtenerse puestas en cualquier época del año, pero
mayoritariamente se concentran al final de la primavera-inicio
de verano y al final del otoño-inicio del invierno. Ahora
bien, hay variaciones importantes de las temporadas de cría
según la ubicación del centro.
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El
número de puestas oscila entre 1 y 3 por año, aunque
también es habitual que se tomen algún año
"de descanso". Ponen de 2 a 5 huevos, normalmente 3.
El periodo de incubación es de 27 a 30 días (varía
en función de la temperatura ambiente y de la experiencia
y el buen hacer de la hembra). Las hembras son las que incuban.
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En general,
los loros grises incuban y crían sin problemas su descendencia.
Tanto el macho como la hembra participan en la cría de
los bebés. Los problemas pueden producirse cuando las parejas
son excesivamente nerviosas e inseguras, cuando las circunstancias
ambientales no les son bastante propicias (frío acusado,
fenómenos estresantes, insuficiente número de horas
de luz, alimentación insuficiente o inadecuada...) o por
la inexperiencia intrínseca a las primeras puestas.
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Pueden utilizarse
distintos tipos de nido: barriles, trocos vacíos, cajas
de madera verticales, cajas de madera horizontales, nidos metálicos,
nidos de plástico... Nosotros preferimos usar la madera
aunque esto comporte necesariamente reparar e incluso renovar
el nido periódicamente. El nido tiene que tener un volumen
de alrededor 60-80 litros. La cámara de cría debe
tener una superficie que permita la presencia simultánea
de ambos miembros de la pareja y de tres bebés más
(de 1.000 a 1.200 cm2). Si el nido está expuesto a las
inclemencias del tiempo y a la luz solar directa (procurad evitarlo),
es preciso que esté construido con un material que le proporcione
una correcta estanquidad, estabilidad y aislamiento térmico.
En todos los casos es importante que en la cámara de cría
penetre poca luz. Esto podrá conseguirse aumentando la
distancia respecto del orificio de entrada y/o incorporando una
partición interior. El acceso al nido y a la zona de cría
tiene que ser fácil y seguro, para facilitar las idas y
venidas de los reproductores y evitar accidentes como la rotura
de huevos o las lesiones por aplastamiento de los bebés.
Las virutas o las láminas de madera son los mejores sustratos
para las cámaras de cría.
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crías deben ser anilladas alrededor de los 20-23 días
(según el grado de desarrollo de los bebés) con anillas
de 11 mm. |
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Psittacus Catalonia SL, 2001-2003
Autores: Xavier Viader y Teresa Masuet
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