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Subir a la mano

 

Enseñar al lorito a subir a nuestra mano es un ejercicio que requiere de toda nuestra concentración y paciencia, ya que para él es una acción que implica absoluta confianza en nosotros.


Cualquier detalle que se nos escape podrá retrasar o afectar la seguridad del lorito en nosotro.

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Cada vez que el loro haga lo que nosotros queremos debemos decirle “bien” y premiarlo.

El premio debe ser un alimento que no sea parte de su dieta diaria y que le guste mucho. Este premio puede consistir por ejemplo en pipas de girasol, preferiblemente de variedades especialmente aptas para este uso como las que PSITTACUS comercializa. Estas pipas  se las daremos únicamente como premio y solamente cuando realice bien una acción.

Existen muchas formas de manejarlos correctamente, es una cuestión de estilo. Sin embargo, es importante que se cumpla la condición de “cómodo y seguro” tanto para él como para nosotros. Nuestra mano debe ser una superficie cómoda y segura para él; la posición de nuestra mano y brazo debe ser cómoda para nosotros. Siempre que lo llamemos a nuestra mano o lo mantengamos en ésta, debemos hacerlo de la misma manera.

Por ejemplo, si somos diestros, debemos manejarlos siempre subidos en la mano izquierda. De esta manera tenemos nuestra mano hábil libre. Es preciso colocar la mano bien extendida y recta, como si sostuviéramos una bandeja. La palma de la mano debe permanecer completamente horizontal, los dedos deben estar extendidos y sin dejar espacio entre ellos, flexionaremos el brazo de manera que el antebrazo quede casi vertical, el codo debe situarse cerca del cuerpo. Esta postura brinda una superficie amplia para que el lorito se sienta seguro y estable sobre la palma, aún cuando estemos en movimiento.

Para llamarlo a nuestra mano cuando él esté en un posadero, le acercaremos lentamente la mano. Ésta debe situarse ligeramente más alta que el loro y justo frente a él. Conservando siempre la posición de la mano y del brazo adecuadas. Nuestro pulgar queda señalando al loro. En la mano derecha, tendremos el premio que le daremos en cuanto suba a nuestra mano izquierda. Debemos colocar la mano derecha cerrada, muy cerca y a la misma altura que la mano izquierda.

Si es necesario cambiarlo de sitio, colocarlo en la jaula, en un posadero, balanza, mesa o cualquier otro lugar, que desde ahora llamaremos “estación”; entonces debemos apuntar nuestro pulgar hacia la estación, con el lorito viendo hacia nosotros, de tal manera que cuando caminemos al frente, éste no vea donde lo dejaremos. Acercaremos la mano lentamente, colocándola a un nivel más elevada y al frente de la estación. Paulatinamente, iremos bajando la mano hasta que quede paralela a la estación. El lorito preferirá quedarse en el punto más alto, por lo que debemos continuar bajando la mano. Cuando ésta haya quedado ligeramente más abajo que la estación, el lorito dará un paso hacia atrás y se quedará en el nuevo sitio. En ese momento, retiraremos la mano completando la extensión del brazo. Debemos hacerlo lentamente para que él pueda elegir el momento en que da el paso de la mano a la estación.

Una situación diferente, es cuando queremos que sea él mismo quien se desplace de nuestra mano a una estación. En ese caso, lo que haremos es lo siguiente: giraremos nuestra mano dirigiendo el pulgar hacia nosotros. La estación debe estar a la misma altura o más elevada que nuestra mano. Debemos colocar la mano tan cerca de la estación como sea necesario. Siempre al frente de la estación. Con la otra mano, señalaremos con el dedo índice el punto donde debe ir el loro, para que él solo deba dar un pequeño paso al frente. En el futuro cuando haya aprendido a ir de un punto a otro, podremos aumentar esta distancia.

Recordemos que la base del aprendizaje exitoso de nuestro loro depende en gran medida de la comunicación que tengamos con él, que seamos capaces de transmitir lo que queremos así como, de entender su lenguaje corporal. No podemos forzarlo para que repita algo que queremos; necesitamos que asocie cada momento que permanece con nosotros con eventos positivos. Enseñémosle a actuar con disciplina, calma y afecto, predicando con el ejemplo.

 

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