Este último día 3 de agosto, el Gobierno español llevó al Congreso de los Diputados el anteproyecto de la mal denominada “Ley de bienestar animal” (Ley XX/2021, de XX de XXX, de protección, derechos y bienestar de los animales).

Ignoro si el PSOE y los partidos que le dan soporte lo tienen claro o no pero, lo cierto es que si esta ley se aprueba tal y como se ha presentado, supondrá una auténtica hecatombe que tendrá consecuencias extremadamente graves en muchos ámbitos.

Vamos por partes.

El proyecto de ley prevé prohibir la tenencia y cría en cautividad de millones de animales pertenecientes a miles de especies que hasta ahora se han estado criando legalmente y teniendo como animal de compañía a los hogares españoles, sin que esto haya supuesto nunca ningún problema. El proyecto de ley prevé ilegalizar todas las especies alóctonas que estén incluidas en el tratado CITES o en el Convenio de Berna. Atención, estamos hablando de ilegalizar casi todas las aves, por ejemplo la práctica totalidad de los psitácidos (loros, cotorras y similares), todos los mamíferos (a excepción del perro, el gato, el hurón y algunos roedores y lagomorfos), todos los reptiles, todos los anfibios y todos los invertebrados.

Esta prohibición forzará a miles de criadores profesionales y aficionados a impedir la reproducción de sus animales. Ni tan solo se les permitirá que los puedan vender. Deberán mantenerlos sine die, si no les son directamente decomisados, amontonados en centros de la administración y destinados al olvido. ¿Qué tiene que ver esto con la búsqueda del bienestar animal?

A los criadores aficionados esto les supondrá un trauma inmenso. A los criadores profesionales esto les supondrá directamente la ruina económica.

Y atención: estamos hablando de especies que están todas ellas incluidas en el Convenio CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), y precisamente lo están porque están amenazadas y debemos conservar tanto como sea posible sus poblaciones, sean en libertad, sean en cautividad. El propio organismo CITES auspicia y regula la cría en cautividad como una estrategia más de conservación. El patrimonio genético que suponen los ejemplares que se están criando en cautividad en España tiene un valor incalculable. Y ahora el gobierno ha decidido que van a impedir que se continúen reproduciendo. Tengamos clara una cosa: a efectos de conservación de las especies, un ejemplar que no se puede reproducir es como si estuviera muerto.

España se cubrirá de gloria. Se convertirá en un Estado que, en vez de colaborar en la conservación de las especies amenazadas, ha provocado la mayor extinción masiva de la que se tiene constancia.

Pero es que además, desde un punto de vista estrictamente económico, el daño irá mucho más allá. En España el sector de los animales de compañía tiene mucho peso; multitud de empresas tienen su actividad centrada en este sector: criadores, fabricantes de piensos, complementos nutricionales, jaulas, accesorios, servicios veterinarios, comercios, exposiciones y congresos… El daño económico que supondrá para la economía española la aplicación de esta ley será enorme e irreparable.

Seamos más próximos: mi suegra de 84 años tiene un loro gris nacido en nuestras instalaciones hace 22 años. Es su mascota. De un día para otro este animal, al que consideramos como un miembro más de la familia, se convertirá en ilegal y la administración lo podrá decomisar. Esto mismo acontecerá en centenares de miles de hogares españoles. ¿Lo consideran normal? ¿Dónde está el bienestar?

¿Los promotores de la ley han reflexionado sobre qué puede pasar si ilegalizan millones de animales? La comunidad científica sí que es perfectamente consciente de ello y no está de acuerdo. ¿No se les ha ocurrido pensar que una parte de los propietarios quizás optará por liberarlos? Todos sabemos que esto no está permitido, pero ¿sabemos cómo reaccionará la gente cuando se le diga que ya no puede tener a su animal y que ni tan solo lo puede vender o donar a otra persona? ¿Se imaginan un escenario en el que nuestros bosques, campos y parques se colmen de serpientes, felinos, arácnidos y todo tipo de animales exóticos? Habremos pasado de una política de control de las especies invasoras a la invasión masiva por especies que nunca habrían sido liberadas en otras circunstancias.

El cúmulo de despropósitos de la ley es inagotable, pero hay otro que no puedo dejar de destacar. Mientras que en Europa algunos estados ya se están replanteando la forma de afrontar el problema que suponen las colonias de gatos asilvestrados, en España a través de esta ley se plantea su “normalización” e “institucionalización”. Hace pocos días Polonia decidió declarar “especie invasora” a los gatos asilvestrados. Pronto habrá más de países que avanzarán en el mismo sentido. El argumento de los científicos polacos es irrefutable: solo en Polonia los gatos depredan cada año cerca de 140 millones de pájaros. A esta cifra tan dramática hay que añadir los millones de reptiles, anfibios y pequeños mamíferos que también son depredados cada año. El daño que sobre la biodiversidad y la fauna autóctona provocan los gatos es intolerable e insostenible. Resulta increíble que en España esta ley, que presuntamente busca el bienestar de los animales, esté planteando la opción contraría, sin manifestar la más mínima empatía hacia los centenares de miles de animales que son masacrados por los gatos asilvestrados cada día.

Espero que este mensaje ayude a hacer ver, especialmente a quienes tienen poder de decisión política, que este proyecto de ley es una amenaza real y letal. Todos estamos de acuerdo en que hay que fomentar el bienestar de los animales con los que convivimos, esto nadie lo discute, pero lo cierto es que este proyecto de ley va en sentido contrario. Si algo no transmite este proyecto de ley es empatía hacia los animales y las personas por los sufrimientos que provocará si llega a aprobarse.